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ABRIENDO LAS PUERTAS DE CULTURA

. jueves, 22 de octubre de 2009
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¡Qué buena iniciativa! Ojalá resista las nimiedades que pululan y distorsionan los canales de difusión y expresión del pensamiento contemporáneo. Tal como hoy las recuerdo, esas fueron las dos cosas que me saltaron al espíritu después de que me presentaron a Cultura Abierta. Transcurrido el tiempo, me llena de satisfacción ver como este esfuerzo ha pasado a ser una realidad consumada, con iguales o mayores retos que en sus inicios. Retos a los que con gusto me uno, poniendo a disposición mi granito de arena con el compromiso que significa estar a la altura del trabajo de estos amigos.


A diario se escuchan los clamores por la adolescencia de foros de debates donde fluyan las corrientes que ayuden a través de la crítica a mejorar las cosas que como sociedad nos afectan. Incluso, existen algunos aventajados que se jactan de la falta de individuos con la sesera suficiente para confrontar puntos de vista. Sin embargo, todo esto no nos debe asombrar, ya que es el producto consumado de políticas totalitaristas que en su momento se encargaron de aniquilar el librepensamiento en la República Dominicana.


Para bien o para mal, lo hecho ya está hecho. Nuestra generación debe encontrar un nuevo punto de partida para comenzar a suplir las carencias que nos reclaman nuestros padres y nuestros tíos. Valernos de todo cuanto el presente pone a disposición para reaccionar en lugar de contemplar y así reivindicar el derecho de expresión que una vez se perdió, pero que ahora vive un resurgir que tiene que ser aprovechado en su plena dimensión.


El tiempo pasa y al pasar va exigiendo cuentas por lo hablado, por lo callado, por la acción y por la inercia. Estar aquí, ahora, escribiendo, pensando y discutiendo, de algún modo será recordado, los esfuerzos reconfortan si al final paren resultados, encuentran trascendencia. Por eso, debemos de cuidarnos para no cometer el mismo error de aquellos brillantes vanguardistas que con los años se comieron cada uno de sus artículos, ensayos, disertaciones, cuyo proceso digestivo culminó en una copia moderna de la corrupción y el clientelismo que embarra el desarrollo de todo un país.


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MIRADAS OPROBIOSAS

. martes, 20 de octubre de 2009
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Bajo el sol abrasador de la tarde salió la procesión fúnebre de la funeraria de Maimón, Bonao, hacia una iglesia que queda a unos escasos 300 metros, donde se celebraría una misa en honor a la fallecida para luego pasar a enterrarla. Mientras caminábamos por el medio de las calles recién asfaltadas y recién picadas (las asfaltaron antes de hacer el acueducto y luego tuvieron que picarlas para poner la tubería), detrás de la carroza fúnebre, como es costumbre en los entierros dominicanos, los vehículos acompañaban los sollozos de los familiares y amigos de la difunta con bocinazos de desespero, mientras los motoristas aprovechando la ventaja de su tamaño pasaban entre nosotros. En medio del bullicio, el calor, la tristeza de los dolientes y el polvo de la calle, imaginé que no habrá faltado quien mirara al cielo en búsqueda de consuelo. Por curiosidad, levanté la mirada, quise saber que hubiera encontrado aquella persona. No se sorprenda el lector si le digo que lo que había arriba no era ni Dios, ni los ángeles, ni siquiera los santos.


Eran otros. Nos miraban fijamente, a todos los que participábamos en el entierro, a los peatones, a los curiosos, a los conductores, a los que estaban sentados en las galerías de sus casas. Nos miraban con desprecio. Nos juzgaban, nos sonreían con hipocresía. Sus caras, deformadas y reformadas por la magia de la tecnología, estaban por doquier, llenaban los espacios, y una clara idea se formaba en mi mente mientras era sometido a un escrutinio pormenorizado por parte de las imágenes de los candidatos o precandidatos de Maimón: ni siquiera en la sepultura es posible escapar de las horribles caras de la escoria que azota nuestro país. Ni si quiera la santidad del entierro de una madre por sus hijos y una treintena de allegados y amigos se salva de ser profanada por los carteles que contaminan el paisaje de nuestras desfiguradas ciudades y nuestros malogrados pueblos. Entonces, aturdido y sonsacado baje la mirada, la posé sobre el carro fúnebre que ahora se detenía frente a la iglesia, y me resigné.


Doña Cristina Rodríguez, a quien no conocí en vida y a cuyo entierro asistí para acompañar a una de sus hijas quien muy amablemente me hospedó en su casa durante más de tres meses durante este verano, tuvo que ser despedida por los suyos ante la oprobiosa mirada y la indeseada compañía de personajes, como Ramón uno de los tantísimos candidatos a algo que han secuestrado nuestro espacio visual.


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NOBEL DE LA PAZ A OBAMA: RECONOCIMIENTO AL ESFUERZO EN ESPERA DE RESULTADOS

. viernes, 9 de octubre de 2009
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LA NOTICIA: Barack Obama, primer Presidente negro de los Estados Unidos, se convierte en el 4to. Presidente de esa nación en aceptar el premio Nobel de la Paz. Según expuso el comité galardonador el premio se debió a “sus esfuerzos extraordinarios para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”. Continúan: “El comité otorgó mucha importancia a la visión y a los esfuerzos de Obama en la perspectiva de un mundo sin armas nucleares".


ES CURIOSO: Cuatro son los Presidentes norteamericanos con premios Nobel de la paz. Dos de ellos, Theodore Roosevelt y Woodrow Wilson, fueron galardonados en su segundo mandato; y Jimmy Carter, 21 años después de su gestión. El Presidente Obama ya es acreedor del título con tan sólo 8 meses en la Casa Blanca.




LAS REACCIONES: Distintas han sido las reacciones de las personas y medios más influyentes del planeta. Muchas de rechazo, algunas escépticas, y otras política y diplomáticamente obligatorias. De entre tantas voces, retumba la opinión de que lo más “noble” para el Presidente sería rechazar el galardón, que, no está de más decir, trae consigo anexa la módica suma de un millón de euros.


PROCESOS DE PAZ AÚN NO CONCLUÍDOS: En los meses que lleva su mandato, muchas son las propuestas de paz y muchos los proyectos; hasta ahora, pocos los resultados, si se quiere, algunos parciales: cabe mencionar 1) la retirada parcial de tropas de Irak; 2) el retiro de escudos antimisiles de Europa; 3) el primer paso para el cierre de Guantánamo; 4) el liderato de un esfuerzo constante por comenzar las conversaciones de paz entre árabes e israelíes; 5) el mejoramiento de las relaciones norteamericanas con el mundo musulmán.


TELA DONDE CORTAR: Muy buenas son sus intenciones, no lo negamos, pero para ser acreedor de manera tan precoz de un premio de la naturaleza de este, creemos habría que analizar bien la tela que se le puede cortar a estos ocho meses de gestión del Presidente Obama: 1) en definitiva, el mantenimiento de tropas en Irak; 2) la guerra en Afganistán (el envío de 17,000 soldados en febrero a ese país); 3) la política de indiferencia con la situación de los DD.HH. en China, y a su vez 4) su rechazo al Dalai Lama (criticable situación si hoy lo homenajeamos por su diplomacia y sentido de cooperación entre los pueblos); y no olvidemos, 5) el establecimiento de bases militares en Colombia. Ya otros nobel de la paz han sido otorgados a quienes en determinado momento incurrieron en guerras: véase Yaser Arafat y Henry Kissinger.


Y SE AVECINA MÁS: Es paradójico, pero, probablemente la primera decisión que tomará Obama luego de su galardón sea la correspondiente a si enviar 10,000 o 40,000 tropas más a terreno afgano. Nada propio para quien ostentará la misma estatuilla que ostentó en su momento Luther King y Mandela.


NATURALEZA DEL NOBEL DE LA PAZ: Vale la pena que citemos al mismo Alfred Nobel y su intención para su premio de la paz: “a la persona que ha hecho más o la mejor obra para la fraternidad entre las naciones y la abolición o reducción de los ejércitos permanentes y la formación y propagación de Congresos de la Paz”. Indudablemente, otorgar a Obama este laurel no se corresponde con la intención de su creador, y más aún cuando por primera vez en la historia de los premios hay 205 candidatos de donde escoger.


Mal que bien se justificaría el premio de Obama apelando a una naturaleza esporádica y circunstancial del galardón: su capacidad para ser un laurel a los esfuerzos, y no necesariamente a los resultados (tengamos presente que así fue galardonado Al Gore en 2007 por sus esfuerzos en combatir el calentamiento global; Carter en el 2002 por sus esfuerzos infatigables para encontrar soluciones pacíficas a los conflictos internacionales […], entre otros). Siendo así, no negamos la notoriedad y trascendencia de los de Obama. En ese sentido, consideramos a Obama el justo merecedor del Nobel en esfuerzo (al menos proporcional a su tiempo de gestión).


ASÍ SE JUSTIFICA EL GALARDÓN: Si bien incluso se ha mencionado paródicamente en la palestra mediática internacional que Obama fue elegido tan sólo por no ser Bush, la justificación real se encuentra en el compromiso generado en la persona del hombre más poderoso del mundo. Cuando Geir Lundestad, el secretario del Comité Nobel, afirma que Obama sí “ha provocado cambios significativos”, el mismo Obama desmiente afirmando que el premio no llega por sus logros, pero que puede ser un "llamado a la acción" para todo el mundo. Y ahí precisamente se encuentra la clave detrás de todo esto: la responsabilidad internacional que genera en Obama tan sólo querer hacerse digno del reconocimiento tendrá sus efectos positivos dignos a su vez de un Nobel. De ser así, habrá que reservarles un laurel a los cinco del comité Nobel noruego por tan excelente estrategia en pro de la paz.



GARANTÍA: Como bien afirma JOE KLINE en su blog, “si Obama no provee resultados que justifiquen su laurel, este Nobel será una carga pesada en tiempos de elecciones”. Y esta afirmación no es fortuita. Estamos hablando de un Obama más venerado en el exterior que dentro de su país, con altos niveles de descontento popular (las encuestas lo muestran apenas por encima del 50% de aceptación en EE.UU.). De no llenar las expectativas “la sorprendente decisión de adjudicar el Premio Nobel de la Paz, fundamentalmente, por su retórica, es casi seguro que enfurecerá a sus detractores en Estados Unidos más de lo que deletirará a sus seguidores” (MARK HALPERIN). Veamos qué pasa. En lo personal espero mucho de Obama, y espero no equivocarme.



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EDITORIAL: KAKISTUCIÓN

. jueves, 8 de octubre de 2009
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Kakistución[1]

Nuestros queridos legisladores se han esforzado durante todo el año 2009 por luchar en contra de que una Constitución de cuestionable calidad pueda terminar ya de definirse, es decir que todo dominicano pueda ya, sin la más mínima duda, sentirse orgulloso de su Kakistución.


Algunos sectores celebran el controversial art. 30, otros prefieren llorar el preliminar, pero todos esperamos con ansias aquellos nuevos derechos que nos brinda el título II de la nueva Constitución. En un país como el nuestro, en el que siempre ha sido muy fácil para las autoridades olvidarse de los derechos que tiene la población y hacer cuanto se le pegue la gana, existe en principio poca esperanza que estos nuevos derechos sean defendidos y aplicados. La misma Constitución nos daba una luz en el camino: un tribunal dedicado a cuestiones constitucionales que sirva como una verdadera forma de asegurarle a la población que tendrá una vía para luchar para que tales derechos sean más que tinta sobre un “pedazo de papel”.


Pero los laboriosos legisladores al utilizar sus incomparables intelectos se dieron cuenta de que esto no les convenía, ello podría conllevar a que la ciudadanía en general tuviera una manera de hacer valer sus intereses por encima de los intereses de aquellos que tienen el deber de representar sus intereses. Eliminan entonces en primera lectura tal arma, borran de la reforma el tribunal constitucional y parece ser que no les salió buena la jugada, muchas fueron las voces que se alzaron en queja de tal omisión.


Ante esto, los legisladores deciden que talvez se equivocaron y comienzan a considerar la posibilidad de reintroducir en segunda lectura la figura del tribunal constitucional en la reforma que ahora se discute en el congreso. Sin embargo, aquellos de arriba al enterarse de la posibilidad de que los legisladores pudieran cometer tal estupidez, rápidamente se reunieron y firmaron un genial acuerdo destinado a crear ese tribunal sin que representase un peligro para ellos.


¿Cuál es la genial solución? Fácil, se crea dicho tribunal pero se restringe fuertemente[2] su acceso a los ciudadanos, estableciendo que estos deben tener “interés legítimo y jurídicamente protegido”, validando así la nefasta jurisprudencia creada por el caso Sun Land. Más o menos así como enseñarle un helado a un niño, saborearlo, opinar sobre lo bueno que está, para luego dejarlo caer en el asfalto caliente. El helado sigue ahí, pero no servirá más que para algunos perros callejeros dispuestos a lamer el asfalto. Mi país, que no es mío, me lo quieren robar.



[1] Formado de la palabra Kakistocracia (gobierno de los menos cualificados) y Constitución.

[2] Siempre existe la posibilidad de que el Tribunal Constitucional haga caso omiso a los precedente sentados por la sentencia del Caso Sun Land, entendiendo que la constitucionalidad de la legislación y de los actos del gobierno es de interés de todo ciudadano dominicano. Considero que si realmente existiera una intención de abrir el acceso a dicho tribunal, los legisladores hubieran procurado una redacción más clara.


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EDUCARNOS EN DERECHOS HUMANOS, ESA ES LA CUESTIÓN

. domingo, 4 de octubre de 2009
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A 40 años de la Convención Americana de Derechos Humanos, a 30 años de establecida la Corte Interamericana de Derechos Humanos y a más de 10 años de que nuestro país haya reconocido la competencia contenciosa de este tribunal, el sistema interamericano de protección de los derechos humanos sigue siendo un virtual desconocido para el derecho y la sociedad dominicanos.

El desconocimiento es tal, que no son pocos los comentarios escritos en los foros de discusión de periodismos como Clave Digital, en los que algunos de nuestros conciudadanos en medio de un arrebato xenófobo vierten cuantos epítetos denigrantes conozcan de la jerga antiimperialista, acusando a la Corte Interamericana de querer “echarnos el muerto de Haití encima” y de meterse en los asuntos de la política interna del Estado. Cuando la Corte evacuó la sentencia del caso Niñas Yean y Bosico vs. República Dominicana ambas cámaras de nuestro congreso gentilmente invitaron al ejecutivo a que desconociera dicha sentencia. Incluso alguno de los diputados, liderados por Pelegrín Castillo y José Ricardo Taveras incoaron una acción de inconstitucionalidad contra el documento mediante el cual el Ejecutivo Nacional reconoció la competencia de la Corte Interamericana, en 1999.

Es así como un instrumento concebido para defender los derechos de los pueblos, en vez de ser fortalecido e incorporado al diario vivir de las dominicanas y dominicanos, se convierte, gracias a la ignorancia y a la manipulación de la oligarquía nacional, en objeto de odio y aversión.

Muchas son las críticas que se le pueden hacer al sistema interamericano, tanto en su contenido, como en su eficacia, particularmente su incapacidad de obligar a los Estados a cumplir con sus sentencias. No obstante, esta postura solo es admisible ante la concepcion errada que generalmente tenemos los dominicanos frente al Estado y frente a los organismos internacionales.

Mientras asumamos que el Estado es un ser todo poderoso, un verdadero leviatán, al cual hay que limitar y obligarlo a resolvernos la vida, los dominicanos no avanzaremos ni un ápice. No podemos despersonalizar al Estado y olvidarnos de que son personas, en mayor o menor medida elegidas por nosotros, quienes lo manejan. El problema está en que nuestra sociedad civil tiene poca ingerencia en la administración de los asuntos del Estado, más allá de unas cuantas organizaciones cerradas constituidas por grupos de interés de élite. El Estado dominicano no está sujeto al control del resto de la sociedad. Ciertamente las razones para esto son muchas, y para enfrentar este problema se necesita una acción política organizada. Sin embargo, una de estas razones es el desconocimiento y la desorganización. En ambos casos, cualquiera puede hacer algo. No hace falta un plan nacional de educación en derechos humanos diseñado e implementado por el Estado (lo cual ayudaría mucho) para empezar a tratar este problema. En nuestro propio entorno podemos empezar a educarnos y organizarnos para conocer y defender los derechos humanos, y con el ejemplo, poco a poco, se puede construir una fuerza importante que pueda obligar al Estado a establecer el mencionado plan, no sin antes ya haber obtenido algunas victorias prácticas en el área. La ventaja de los derechos humanos es precisamente que pueden ser defendidos, con mayor o menor efectividad, por cualquier persona, basta con que los conozca.

Por otro lado, hay que resaltar el hecho de que si bien en la concepción tradicional de los derechos humanos, estos son un límite para el Estado, nuevamente debemos traer a colación el hecho de que son las personas las que violan estos derechos. En nuestro día a día nos desenvolvemos en instituciones que, al igual que el Estado, por su organización burocrática y jerárquica, son propensas a magnificar la vulneración de la dignidad humana, la educación en derechos humanos puede ayudar como contrapeso a esta dinámica.

No se plantea en este texto que será suficiente con la difusión de los derechos humanos, particularmente del sistema interamericano, para resolver los problemas que afectan a nuestra sociedad. Lo que se plantea es que nunca será suficiente si la sociedad no se apropia del Estado, y si los derechos humanos no se convierten en un código de vida tanto de los individuos como de las instituciones, publicas y privadas.

Los derechos humanos, necesitan dejar de ser monopolio de los profesionales del área, para ser tan conocidos por los dominicanos como las reglas del béisbol, o la letra de la última canción de Juan Luis Guerra. Deben convertirse en remedios tan usuales para los males sociales, como el “vibaporú” o el “mentiolé” lo son para los achaques corporales. Los dominicanos deben respirar las Convenciones que forman el sistema y transpirar sentencias de la Corte Interamericana, porque solo cuando el pueblo dominicano le exija al gobierno el cumplimiento de las mismas estas serán efectivas. He ahí, donde yace la eficacia del sistema interamericano. No se trata de esperar a que la OEA haga algo para obligar a los Estados a cumplir las sentencias de la Corte, sino de asumir la jurisprudencia de la Corte, conjuntamente con las Convenciones y protocolos del sistema como instrumentos jurídicos que deben se aplicados a través de las vías políticas, jurídicas y sociales con las que cuenta la sociedad civil o aquellas que pueda crear. Correctamente utilizada, una sentencia de la Corte Interamericana puede ser una herramienta útil dentro de la política o el Derecho nacionales.

Para poder empoderarnos de esta manera, debemos empezar por conocer el sistema interamericano y otros sistemas internacionales de protección de los derechos humanos, y ese trabajo debe empezar ya. No hay que ser profesional del derecho para conocer sobre derechos humanos, pues no se trata de que todos sean expertos capaces de producir avances históricos en la materia. De lo que se trata, es de identificar los derechos que se reconocen a las personas para actuar conforme y en provecho de esos derechos en nuestro diario vivir; de sonar la voz de alarma cuando ocurra un vejamen de la dignidad de cualquiera de nuestros congéneres y de trabajar para aportar ese grano de arena que nos corresponde para la consecución de una sociedad donde el desarrollo humano sea el norte, el sur, el este, el oeste, el arriba y el abajo. Ese objetivo, que si bien parece lejano, sublime, e inalcanzable, empieza con el sencillo paso de abrir la Convención Americana, leer unas cuantas páginas al día y comentarlas con quien está a nuestro lado.

El sistema interamericano, basado en una concepción liberalista de la persona, está plagado de errores y secuestrado por intereses particulares. Pero, es por ahí donde empieza la liberación de nuestra especie. Cómo podemos hacer algo mejor que este sistema si ni siquiera lo conocemos. No se engañe el lector, quien escribe estas líneas es acérrimo critico del sistema interamericano, por la simple razón de que no está dispuesto a aceptar medias defensas a los derechos humanos. Por eso, porque cree firmemente en que solo vale la pena luchar por la perfección, por lo ideal, es que propone conocer y defender el sistema interamericano, como primer paso para mejorarlo y construir, cada día, un sistema más justo y eficiente como herramienta del desarrollo humano. Porque Utopía no existe no porque sea imposible, sino porque no hemos empezado a construirla.


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