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EDITORIAL: KAKISTUCIÓN

. jueves, 8 de octubre de 2009
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Kakistución[1]

Nuestros queridos legisladores se han esforzado durante todo el año 2009 por luchar en contra de que una Constitución de cuestionable calidad pueda terminar ya de definirse, es decir que todo dominicano pueda ya, sin la más mínima duda, sentirse orgulloso de su Kakistución.


Algunos sectores celebran el controversial art. 30, otros prefieren llorar el preliminar, pero todos esperamos con ansias aquellos nuevos derechos que nos brinda el título II de la nueva Constitución. En un país como el nuestro, en el que siempre ha sido muy fácil para las autoridades olvidarse de los derechos que tiene la población y hacer cuanto se le pegue la gana, existe en principio poca esperanza que estos nuevos derechos sean defendidos y aplicados. La misma Constitución nos daba una luz en el camino: un tribunal dedicado a cuestiones constitucionales que sirva como una verdadera forma de asegurarle a la población que tendrá una vía para luchar para que tales derechos sean más que tinta sobre un “pedazo de papel”.


Pero los laboriosos legisladores al utilizar sus incomparables intelectos se dieron cuenta de que esto no les convenía, ello podría conllevar a que la ciudadanía en general tuviera una manera de hacer valer sus intereses por encima de los intereses de aquellos que tienen el deber de representar sus intereses. Eliminan entonces en primera lectura tal arma, borran de la reforma el tribunal constitucional y parece ser que no les salió buena la jugada, muchas fueron las voces que se alzaron en queja de tal omisión.


Ante esto, los legisladores deciden que talvez se equivocaron y comienzan a considerar la posibilidad de reintroducir en segunda lectura la figura del tribunal constitucional en la reforma que ahora se discute en el congreso. Sin embargo, aquellos de arriba al enterarse de la posibilidad de que los legisladores pudieran cometer tal estupidez, rápidamente se reunieron y firmaron un genial acuerdo destinado a crear ese tribunal sin que representase un peligro para ellos.


¿Cuál es la genial solución? Fácil, se crea dicho tribunal pero se restringe fuertemente[2] su acceso a los ciudadanos, estableciendo que estos deben tener “interés legítimo y jurídicamente protegido”, validando así la nefasta jurisprudencia creada por el caso Sun Land. Más o menos así como enseñarle un helado a un niño, saborearlo, opinar sobre lo bueno que está, para luego dejarlo caer en el asfalto caliente. El helado sigue ahí, pero no servirá más que para algunos perros callejeros dispuestos a lamer el asfalto. Mi país, que no es mío, me lo quieren robar.



[1] Formado de la palabra Kakistocracia (gobierno de los menos cualificados) y Constitución.

[2] Siempre existe la posibilidad de que el Tribunal Constitucional haga caso omiso a los precedente sentados por la sentencia del Caso Sun Land, entendiendo que la constitucionalidad de la legislación y de los actos del gobierno es de interés de todo ciudadano dominicano. Considero que si realmente existiera una intención de abrir el acceso a dicho tribunal, los legisladores hubieran procurado una redacción más clara.


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EDITORIAL: PROPUESTA ABIERTA

. sábado, 27 de junio de 2009
7 comentarios



Por Carlos Morel Cantisano

El mundo se encuentra hoy en tiempos difíciles. La actual crisis económica no parece ceder y la población mundial se pregunta si siempre será posible continuar viviendo bajo el mismo sistema. Pero, al parecer esta crisis no tiene un efecto tan grave sobre el país, pues nosotros tenemos una que es mucho más vieja. En mayo de 1961, la siempre frágil soberanía del pueblo dominicano le fue arrebata de las manos al Tirano, sin embargo aquí estamos en el 2009 y aún en la República Dominicana no existe una real y verdadera democracia. La corrupción sumada a la ineptitud de nuestros gobiernos nos han dejado con un país que no ha alcanzado un desarrollo verdaderamente significativo (meras construcciones de infraestructura no pueden considerarse desarrollo si la parte humana sigue igual). Como resultado de esto, gran parte de nosotros se ha resignado a criticar y a no hacer; a aceptar la corrupción como una ley de la naturaleza equiparable con la gravedad; a "entender" que lo único que hay que hacer es trabajar "pa’ uno y pa’ su hijos", a que comprar ese Blackberry me hará sentir como si fuera de Nueva York, si no es que me largo pa’allá...

Recuerdo las duras palabras de un jurista español en un conversatorio al que tuve la oportunidad de asistir: "los jóvenes no tienen del derecho de ser nihilistas” (Alejandro Nieto), y es que el futuro nos pertenece, y el día en que nos adentremos a la vida productiva seremos los que soportaremos todo su peso, y más aún, de no hacer los suficiente por cambiar las cosas, seremos responsables de un futuro aún más oscuro para las generaciones que eventualmente nos reemplazarán.

¿Ahora bien, qué significa no ser nihilista?

El nihilismo es uno de los vicios que más fuerte ataca la sociedad moderna. La desconexión del individuo con su medio conlleva al sentimiento de impotencia que nos convence que una persona por sí sola no puede, ni nunca podrá, hacer un verdadero cambio en su sociedad. Como resultado de lo anterior, se lleva al individuo a no ser capaz de identificarse con los valores que se le presente, y más aún entiende que la vida en sí carece de valor verdadero. Y es que es verdad que una persona por sí sola, ni siquiera un pequeño grupo de personas, tiene un efecto de relevancia sobre el medio que le rodea. Solo lo tendrá cuando se entiende que se forma parte de una colectividad mayor y utiliza los medios que se tiene al alcance para influir sobre aquellos que nos rodean, intentando así cambiar el rumbo de nuestra sociedad.

La juventud de hoy en día tiene a su disposición una gran variedad de medios para poder comunicar sus ideas, y es dentro de estos mismos medios que Cultura Abierta quiere hacer su presencia. Comenzando con nuestro blog, a disposición de todos ustedes, pretendemos tener un medio por donde expresar las ideas de todos nosotros, ya sea organizando debates, conversatorios y otros tipos de encuentros que permitan a Cultura Abierta convertirse en una plataforma desde la cual una nueva generación se pueda lanzar y divulgar su pensamiento intelectual. Así que no importa si eres de izquierda o de derecha, del PRD o del PLD, cristiano o agnóstico, hobbesiano o kantiano, te invito a leer y comentar nuestros artículos, a escribir tus propios (más aún si no son de Derecho, que nos hacen falta), proponer temas de debates, pero más que nada a pensar en cómo actuar por lograr una sociedad mejor que la que hoy tenemos.


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